Fue impulso, o fue resultado de dejar de lado tanta desidia respecto al otro blog, en donde sólo veía que se iban acumulando las entradas pendientes con todo lo que quería relatar sobre el resto de mi internado, mi año de Servicio Social (en donde otra vez me fui a la playa, esta vez a Nayarit), los libros que leía, y un enorme y necesario etcétera. Y dejé que siguiera así el pendiente, y lo dejé pasar, y hasta pensé en cerrar aquella página, pero al final me trae tantos recuerdos que mejor ponerla a un ladito, y, puesto que ya no se puede hacer mucho por ese blog, mejor tener otro. ¿Por qué, se preguntará usted, anónimo (o no) lector? Pues porque ya mucho ha cambiado, y tomaría mucho tiempo, esfuerzo y tecleo desesperado el poder reparar tantas cosas, explicar todo lo mucho o poco, bueno o malo que he cambiado. Y al fin di el salto (otro más, tal vez a su tiempo lo explique, pero por ahora veo que cada vez se me facilita más) y en menos de cinco minutos elegí el nombre (referencia básica y obvia de uno de mis libros favoritos) y aproveché el tedio del trabajo. Lo complicado a partir de ahora será ver que tanto mantengo este espacio, o tal vez no.
Sí, en el fondo sigo siendo una soñadora empedernida, pero ahora con una dosis extra de realismo, y fe en mi misma. De momento, estoy en una etapa curiosa de dispersamiento, donde ya he logrado una buena parte de mis proyectos (¡ya terminé la carrera! Ahora nada más falta el largo proceso de titulación y otorgamiento de cédula -más largo aún por el paro recién levantado del IPN-) pero estoy en vías de iniciar otros, y si bien no siento nada completamente seguro, me siento feliz, y en mucha paz conmigo misma. Estoy segura de todas las decisiones que he tomado últimamente, y por ahora espero a que termine el año, pues tengo un amuleto de mi lado (!).
Volviendo a las andadas..
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